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Decoración vintage

Dicen que las modas siempre vuelven. El estilo vintage es la demostración práctica más evidente de esta máxima, ya que retoma los diseños de hace algunas décadas y se inspira en ellos para crear piezas nuevas. Esta tendencia se mira en el espejo de los años 50, 60 y 70, pero también en ejemplos surgidos a comienzos del siglo XX. El mobiliario y los complementos decorativos de carácter retro encajan a la perfección en casas que siguen una línea moderna, desenfadada y alejada de lo convencional.

Según Alexis Obrador, de La moda me incomoda, el vintage «es la vuelta al gusto por el diseño cuidado y vanguardista en objetos de uso cotidiano producidos industrialmente». Así pues, para definir los productos que conformarían esta clase de ambientes hay que hacer una especie de viaje en el tiempo. La horquilla abarca un periodo muy extenso, por lo que será posible hallar artículos que vayan «desde las líneas más simples y funcionales de los años 50 hasta los muebles de líneas más curvas y futuristas de los años 70″, tal y como explica Ana López, de Amapola Decoración.

Producción en serie

Al amparo de la revolución industrial, tuvieron lugar una serie de procesos que transformaron por completo la sociedad de la época. La entrada en acción de las máquinas cambió las bases sobre las que hasta entonces estaban asentados los sistemas de producción, inaugurando una fase en la que lo artesanal quedaba al margen. El universo del mueble sufrió una metamorfosis radical a partir de los años 20, dando lugar a «la producción industrial de objetos de uso diario, como lámparas, cubertería, cerámicas, muebles, etc.», aclara la firma La moda me incomoda.

Diseñadores emergentes que hoy son iconos del siglo XX comienzan a materializar sus ideas, y aunque «no podemos considerar este estilo de manera homogénea», tal y como señala Alexis Obrador, » todos tienen en común un interés por un cuidado diseño con el hombre como eje central, pero sin menospreciar la funcionalidad del objeto». Nombres propios como Le Corbusier, Panton, Colombo, Christian Dell o los Eames conquistan el favor de un público que hoy sigue adquiriendo sus reproducciones.

Para situar de forma más concreta el concepto vintaje, hay que acudir a «capitales como Londres, Nueva York o París», según señala Sophie Darder, de Modulolab, y situarnos en la época en la que lo vintage se retoma. En este sentido, son muchos los que equiparan los términos vintage y retro, pero existe una clara diferenciación: «vintage representa una vuelta al diseño de épocas pasadas, mientras que vintage es precisamente ese objeto original al que el estilo vintage pretende emular», matiza Obrador.

Una paleta cromática dinámica

La polémica en cuanto a los colores que definen lo vintage también es común. Dado que comprende varias décadas, los tonos que conforman el espacio estético van variando. «En los años 50 se mueve en tonalidades suaves de verdes, amarillos o azules y contrastadas como rojo y negro, amarillo y negro o negro y blanco», manifiestan desde Amapola Decoración, añadiendo que «en los años 70 los colores son más chillones y vibrantes como el naranja butano o el verde césped». A medida que avanza la mitad de siglo, la atmósfera se torna más alegre y «hasta los electrodomésticos se visten de colores -televisores, teléfonos…-«, como comenta la especialista de Modulolab, que también apunta «la ausencia de tonos pasteles y las transparencias ahumadas en bronce o en azulado».

Respecto a los materiales, hay que tener en cuenta que la experimentación y la innovación marcan las creaciones de aquellos tiempos tan prolíficos, y que son muchos los materiales que nacen al mismo tiempo que la pieza en sí. «Prevalece el uso del metal -latón, aluminio, hierro y acero-, madera y de diversos derivados del petróleo, que podemos englobar bajo la categoría de plásticos y que tienen éxito debido a su versatilidad, ligereza y resistencia», comenta Alexis Obrador, que también indica el empleo común de «vidrio y cristal, así como de telas estampadas y con peluche».

La heterogeneidad en el uso de los materiales enunciados es absoluta. Así, los muebles que hoy son ‘antigüedades del siglo XX’ comenzaron a fabricarse «en los 50 con maderas exóticas, mucha cerámica y cristal, y las alfombras de lana, mientras que en los años 70 se incorporan los plásticos y los acrílicos», comenta Ana López, de Amapola Decoración. La apariencia de tales productos se traduce en «formas redondeadas, elementos modulables y efectos visuales inspirados por el Op-art», confirman desde Modulolab.

Una casa vintage

Imprimir pequeñas pinceladas de retro en nuestro hogar es muy sencillo. Este estilo «quiere ser exclusivo, personalizado, cálido, acogedor, lúdico, auténtico y original», comenta Sophie Darder, que no duda en aconsejarnos «alguna mesa o silla con un pie tulipa, una lámpara arco cromada, algún puf de vinilo naranja, un papel para la pared o una alfombra psicodélica». Al tratarse de un estilo con muchos volúmenes y colores brillantes, es posible que inundar todas las habitaciones con esta clase de objetos sature la atmósfera, por eso desde AmapolaDecoración recomiendan ser cautelosos porque «sólo con un par de elementos se puede dar un toque retro a cualquier espacio».

Dado que los diseños evolucionaron tanto y tan deprisa, es fácil localizar entre todas las posibilidades algo que nos cautive en un primer golpe de vista. Si miramos hacia los primeros años, Ana López sugiere adquirir «muebles con las patas en ángulo, como ‘los supersónicos’, combinaciones de color con rojos, blancos y negros, y complementos de cerámica y el cristal, que son muy representativos, tales como jarrones con rayas y de colores». Si te sientes más identificado con las tendencias posteriores, nada mejor que «un sillón o sofá tapizado con un color brillante, mesas de azulejos, lámparas de cerámica, alfombras de pelo y alguna pared con papel pintado». Lo retro es sinónimo de decoración genuina y derroche de personalidad. ¡Llévatelo a casa!