Una bodega en casa

Una bodega en casa

11 enero 2010

Una bodega en casa

El vino es una bebida que goza de la preferencia de muchas personas, las que gustan de aprovisionarse de una buena selección de la misma. Pero la conservación del vino requiere de ciertos cuidados para que el mismo llegue a la mesa en las mejores condiciones. Esto en los casos en que deseemos conservar el vino por cierto tiempo, en caso de consumirlo de inmediato, la cocina es un buen lugar para guardarlo.

El cuidado de los vinos requiere de una serie de condiciones de almacenamiento que debemos obedecer para preservar sus propiedades: debe conservarse en la oscuridad, pues la luz puede ocasionar su oxidación o deterioro. La temperatura de almacenamiento no debe superar los 18ºC. Debe guardarse en posición horizontal, para que el corcho se mantenga siempre húmedo, sin quebrarse y así permita el correcto paso del oxígeno. Debido a todos estos factores, no es aconsejable guardar los vinos en la nevera o en la cocina, tampoco es la mejor opción, guardarlos en un frigorífico especial, de los que se venden, sino en una bodega que podemos construir en nuestra propia casa.

Nuestra bodega no tiene por qué ser de grandes dimensiones u ocupar el sótano de la casa, sino que podemos realizarla debajo de una escalera, en una pequeña habitación en desuso, o en un armario empotrado aclimatado. Pero si disponemos de un sótano, mucho mejor. También debemos tener en cuenta que la bodega debe resultar vistosa y decorativa, pues no puede arruinar la decoración de la casa.

Características de la bodega:

Para la conservación de los vinos, la bodega debe tener en cuenta la temperatura, la humedad, la oscuridad, la ausencia de olores impregnantes o intensos, y el reposo de los vinos. Por todas estas condiciones, el lugar más apropiado para ubicar la bodega será subterráneo o semienterrado. Jamás puede ser un garaje o un taller, por la presencia de olores y las vibraciones que se producen en estos sitios.

Aunque no parezca un detalle de importancia, la orientación de la bodega sí lo es. La orientación ideal es la norte ya que no el sol no incide directamente con las alteraciones de temperatura que ello implica, y la peor es su contraria, la sur. El sitio ideal es subterráneo o semienterrado. La ventilación tiene gran importancia también, puede realizarse mediante un ducto con el exterior o mediante un shunt. Las paredes deben realizar un aislamiento térmico y acústico perfecto. Las paredes interiores deben estar pintadas de blanco y revestidas de cemento con revoco a la tirolesa. Se aplican sistemas de aislamiento que pueden ser de fibra de vidrio o poliuretano expandido. El suelo debe poseer propiedades higrométricas, por lo que se aconseja hacerlo con un material capaz de absorber la humedad, como pueden ser las losetas de cerámica porosa. Pero los ideales son: la tierra apisonada y la arena de río. Este tipo de cavas es muy difícil de conseguir debido a su costo y a los requerimientos de espacio.

Para una bodega ubicada en un departamento, evitaremos las cocinas, el comedor o la sala de estar, debido a los olores, la temperatura y el ruido. Por tanto deberemos seleccionar una habitación interior o el vestíbulo, donde construiremos un pequeño botellero con materiales aislantes.

Nuestra bodega debe mantener ciertas condiciones de almacenamiento:
- temperatura estable entre 10 y 15ºC.
- la fluctuación diaria de la temperatura no debe superar los 2ºC.
- la humedad relativa debe ser del entorno del 70%.
- las botellas se almacenarán en posición horizontal.
- los botelleros deben ser de madera o de materiales que no conduzcan el calor.
- debe evitarse la luz utilizando lámparas de filamento de carbón o luces frías indirectas.
- no debe haber olores extraños como pinturas, frutas, olores de la cocina, chacinados, etc., pues los vino no toleran los olores.
- evitar los ruidos y las vibraciones pues dañan los vinos.
- es necesario airear y ventilar el lugar donde se almacenan los vinos.

Debemos recordar que los vinos blancos en general, los rosados, los cavas y los espumosos, los finos y los vinos manzanillas, los vinos jóvenes y algunos tintos, no pueden guardarse por más de un año, pues su vida es corta. Los vinos de crianza tienen una duración igual a la de la crianza. Son los vinos de reserva los que alcanzan la mayor duración y pueden llegar a los veinte años.

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